EFESIOS V: LA SEGURIDAD DE SU HERENCIA - 7 de Julio 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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8:08 PM
EFESIOS V: LA SEGURIDAD DE SU HERENCIA
Eph 1:11-14 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
 
 

El siguiente relato corresponde a un libro del autor MAX LUCADO, sin duda, el escritor que más ha impactado mi vida después de las Sagradas Escrituras...
 
"Es probable que usted recuerde cómo era cuando niño, se emocionaba y se alegraba tanto acerca de algo que le sucedía, al punto que no podía dormir. Phineas no podía dormir. Se levantaba antes que el sol. Ya tenía su maleta hecha, y bajaba las escaleras, listo para comenzar el día. Era el año 1820. Phineas estaba por fin a punto de ver una isla —su propia isla. Phineas había recibido la isla como un regalo de su abuelo. Cuando era un recién nacido, a Phineas se le había dado una escritura de propiedad de una isla en Connecticut la cual se llama Ivy Island. A una edad temprana había oído acerca de la isla por medio de sus padres. Ellos bromeaban con Phineas y le rogaban que no los olvidara cuando se convirtiera en un rico dueño de tierras. Phineas había crecido soñando con la isla y anticipaba el día cuando la vería.
 
Tendría su propia tierra, construiría una linda casa, manejaría una finca y criaría ganado. Si usted fuera el dueño de una isla, ¿no habría de querer ir a verla? Por supuesto que sí, y Phineas les rogó a sus padres que lo llevaran a ver su isla. Por fin, su padre estuvo de acuerdo. En el verano de 1820, el padre y el hijo comenzaron su viaje para ir a ver la isla que le pertenecía a Phineas. Una vez que hubieron comenzado el viaje, Phineas no dejaba de preguntar: "¿Ya estamos cerca? ¿La podemos ver desde la próxima colina?”.
 
Su padre le contestaba una y otra vez que pronto estarían allí. Por fin, su padre señaló a una área boscosa y dijo: "Está allá justo después de esos árboles”. Phineas saltó del vagón y corrió hasta los árboles. Sin pensarlo se metió entre los árboles, y corrió en medio de ellos para ver su isla. Eventualmente llegó a un claro. Por fin pudo ver su Ivy Island. Lo que Phineas vio lo dejó estupefacto. Su Ivy Island no era nada más que cinco acres de tierra de pantano infestada de serpientes. Se le había dicho por años que esta isla era la más selecta de las tierras de todo Connecticut, pero en realidad no tenía ningún valor.
 
Era un chiste —una broma de mal gusto. Phineas se volvió y miró a su padre, el cual se reía a carcajadas. Phineas no se rió. Nunca olvidó el sentimiento. El sentimiento de haber perdido algo persistió. Nunca se repuso del vacío que sentía por haber sido engañado. De hecho, Phineas llegó a hacer un negocio del arte de engañar a la gente. Es probable que usted haya oído del chico con el nombre de P.T. —no el dueño de tierras, sino el promotor. Llegó a ser famoso con esta frase: "Cada minuto nace un aprovechado”, y pasó el resto de su vida probando cuán verdaderas sus palabras eran. Phineas llegó a ser P.T. Barnum el del famoso Barnum & Bailey Circus. ¿No siente usted compasión por un chico que soñó con una herencia, sólo para descubrir que no había ninguna herencia del todo?
 
Algunos de ustedes conocen cómo fue la experiencia para él pues habrán tenido pérdidas similares. Puede que no se le hayan prometido poseer su propia isla, pero estaban contando con algo. Soñaban con algo que no llegó a ocurrir. Tal vez usted haya hecho votos matrimoniales con alguien que los rompió y le ha dejado una cicatriz en su corazón la cual no desaparece. Tal vez usted le dio los mejores años de su vida a una compañía. Usted confió en el compromiso que hicieron con usted. Usted dependía de los beneficios para pensionarse, pero perdió el empleo —o quizás la compañía quebró antes de que usted pudiera pensionarse.” (Libro Todavía remueve piedras, Max Lucado).
 
 
Vivimos en un mundo de promesas rotas y de sueños hechos añicos. Es un mundo en el que el futuro no siempre resulta como lo esperábamos. Este mundo promete "islas” que nos desilusionan. Las promesas son diferentes para con Dios. Dios jamás hace una promesa que no cumple. Sus promesas nunca fallan. Hebreos 10.23 dice esto acerca de Dios: "Fiel es el que prometió”. Podemos confiar en las promesas de Dios. No sólo es Dios fiel, sino que también podemos contar con el hecho de que Dios tiene el poder de hacer lo que sea que haya prometido (Romanos 4.21).
 
Leemos en 1.3–14 que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en Cristo. Ésa es la promesa de Dios para con nosotros, y gran parte de ella ya se ha cumplido. Nos ha hecho su pueblo escogido (1.4) y nos ha adoptado como hijos suyos (1.5). Nos ha redimido por la sangre de Jesús (1.7) y nos ha concedido el perdón de pecados (1.7). Ha hecho abundar para con nosotros las riquezas de su gracia (1.7–8). Nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad (1.9), y nos ha sellado con el Espíritu Santo (1.13). Dios nos ha dado certeza de que en Cristo no vamos a ser defraudados, cuando llegue el momento de recibir nuestra herencia.
 
El Espíritu Santo "es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (1.14). Dios le da certeza a su pueblo de que recibirá una increíble herencia que le dará gloria a Dios para siempre.
 
EL ESTAR EN CRISTO DESCRIBE LA BASE DE NUESTRA HERENCIA
Note lo que Pablo dijo acerca de la importancia de estar en Cristo. Los cristianos de origen judío fueron elegidos "en él” (1.10–11). Ellos fueron los primeros en esperar "en Cristo” (1.12). Los cristianos de origen gentil fueron incluidos en Cristo cuando oyeron y creyeron en el evangelio (1.13). Ellos también fueron "en él, sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia…” (1.13b–14a).
 
En 1.11–14, Pablo hace énfasis en el estar en Cristo. De hecho, la frase "en Cristo” ocurre en alguna forma nueve veces en el contexto inmediato de 1.3–14. El estar en Cristo hace toda la diferencia. Es la base de nuestra herencia. Podría ser bueno que hiciéramos una pausa y nos hiciéramos una importante pregunta: ¿Cómo es que una persona entra en Cristo y recibe así la promesa de su herencia? En el margen de su Biblia, a la par de 1.3–14, podría desear anotar esta Escritura: ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva (Romanos 6.3–4).
 
En el bautismo tomamos un viaje al Calvario. En el bautismo nos unimos a Cristo en la cruz y somos bautizados en su muerte. Exactamente como Cristo lo dijo cuando estaba en la cruz: "Consumado es”, en el bautismo nuestra vida antigua es consumada, en otras palabras ha terminado. En el bautismo nos unimos a él en la sepultura. En el bautismo nos unimos a él en la resurrección a una nueva vida. Somos bautizados por la fe en Cristo.
 
Así es como llegamos a recibir toda bendición espiritual, incluyendo nuestra herencia. Quiero que recuerde dos verdades. En primer lugar, fuera de Cristo, la única cosa eterna que se recibe es la condenación. Cuando Cristo venga por segunda vez, él dará "retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición,…” (2 Tesalonicenses 1.8–9). En segundo lugar, en Cristo, toda bendición espiritual se recibe, incluyendo la herencia y la vida eterna. El estar en Cristo describe la base de nuestra herencia.
 
EL RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO ESTABLECE LA CERTEZA DE NUESTRA HERENCIA
"En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia” (1.13–14a; énfasis nuestro). ¿Qué es lo que dice acerca del Espíritu Santo? En primer lugar, es el sello en la vida de un cristiano. Conocemos los sellos notariales. Una persona que sirva como notario es testigo de la firma de un documento y luego pone su sello en el documento lo cual da a entender su autenticidad.
 
Esto fue lo que John MacArthur comentó: "El sello del cual Pablo habla aquí se refiere a la marca oficial de identificación que se ponía en una carta, contrato u otros documentos importantes. El sello es usualmente hecho de cera caliente, la cual se ponía en el documento y luego se le imprimía con un anillo de sello.” Los sellos, en el mundo antiguo, comunicaban una o más de las siguientes cosas:
 
1) Posesión. Los sellos funcionaban como una marca en los animales o los esclavos. Eran como un sello en un libro el cual indica quién es el verdadero dueño. El Espíritu Santo viene a morar dentro del cristiano para indicar que él o ella ahora son posesión propia de Dios.
 
2) Protección. Un sello oficial, puesto en un objeto, le advertía a la gente que éste estaba protegido por el poder y la autoridad de las personas representadas por el sello. Pilato selló la tumba de Jesús (Mateo 27.62–66). Su sello advirtió a la gente que no debían mover la piedra. La advertencia estaba respaldada por la posición y el poder oficiales de Pilato. El Espíritu Santo, en el cristiano, actúa como una advertencia para Satanás y todos los poderes malignos de que esta persona está bajo la protección de Dios.
 
3) Autenticidad. Un sello afirmaba la genuinidad de aquello en lo cual aparecía. El Espíritu Santo en el cristiano o la cristiana declara que éstos realmente son hijos de Dios, y herederos. Si usted está en Cristo, usted ha sido sellado con el Espíritu Santo. Esto no es cosa pequeña. El Espíritu confirma que somos posesión de Dios, que Dios nos protege con su poder, y que somos herederos genuinos. Los certificados de nacimiento son documentos importantes, ¿cierto? Los necesitamos para poder obtener una licencia de conducir, un permiso de matrimonio, o para ser admitidos a una universidad. Cuando este mundo termine y todos comparezcamos ante Dios en el juicio, él no va a pedirnos que le mostremos nuestros certificados de nacimiento u otros documentos de identificación. Lo que Dios buscará es el sello —el sello del Espíritu Santo. El Espíritu es el sello singular que viene sólo de Dios y que sólo se los da a los que están en Cristo.

En segundo lugar, El Espíritu Santo es un depósito que garantiza nuestra herencia. Fueron tres oportunidades en las que los escritos de Pablo se refirieron al Espíritu Santo como a un depósito o garantía (del griego: arrabon). En 1.14 el Espíritu es descrito como "las arras” que garantizan nuestra herencia. En segunda de Corintios 1.22 se menciona cómo Dios "nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”, garantizando así lo que ha de venir, y Pablo reiteró la idea en 2 Corintios 5.5 donde se lee que Dios "nos ha dado las arras del Espíritu”. La palabra que Pablo usó era común en sus tiempos, y se refería a un depósito o pago de prima. Era parte del precio de compra de algo.
 
Ello garantizaba que el resto del pago se haría en el momento apropiado. ¿Qué es lo que significa exactamente que el Espíritu Santo sea un pago de garantía de nuestra herencia? Dios quiere que tengamos la seguridad de que recibiremos la increíble herencia reservada para sus hijos. Es "una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para [nosotros]” (1 Pedro 1.4).
 
Dios también quiere que veamos que lo que tenemos ahora en Cristo es tan sólo un goce anticipado de lo que vendrá. Piense en el gozo que usted tuvo cuando supo que sus pecados estaban perdonados. Piense en la maravilla que usted experimenta durante el momento de la adoración a Dios junto con los demás cristianos.
 
Piense en el amor, el gozo, la paz, y el fruto del Espíritu que ha aparecido en su vida hasta este momento. Piense en todo lo que Dios ha hecho en su vida desde que usted se convirtió en su hijo, y multiplique todo ello una y otra vez. Usted todavía se quedará corto imaginando la plenitud de lo que Dios le tiene reservado. Los cristianos no van a acabar en un estado de frustración, como le pasó a Phineas con su isla. La vida no va a resultar en una mala jugada o en una gran desilusión. Lo que ahora tenemos en Cristo es tan sólo el pago de la prima. Es tan sólo un vislumbre de la increíble herencia que Dios nos ha prometido.
 
EL OBJETIVO DE NUESTRA HERENCIA ES LA ALABANZA A DIOS
El Espíritu Santo es "las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de [la gloria de Dios]” (1.14; énfasis nuestro). Las palabras de Pablo resuenan con alabanza para Dios. "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (1.3). El versículo 6 proclama alabanza para la gloriosa gracia de Dios. El versículo 12 menciona la "alabanza de su gloria”.
 
El versículo 14 declara que el objetivo de la redención, el objetivo de la salvación, el objetivo de que Dios haga posesión suya a los que están en Cristo, y el objetivo de la plena herencia que les es dada a éstos, es la "alabanza de su gloria”. En el principio Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Génesis 1.26). Dios quiso crear personas que mostraran su gloria, su carácter y su semejanza en sus vidas. Él quería personas que le alabaran, le sirvieran, y se esforzaran por ser como él es. El pecado llegó, no obstante, y distorsionó la imagen de Dios en el hombre.
 
Toda la historia de la Biblia y todo el plan de Dios ha sido con el fin de llevarnos de nuevo a lo que Dios originalmente quiso para nosotros. Él logra esto a través de redimirnos, salvarnos y recrearnos en Cristo. Nuestra herencia es ser aquello para lo cual fuimos creados para ser —la imagen de Dios. Un día ello sucederá. "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3.2). Cuando eso suceda, ¡clamaremos con alabanza! El objetivo de nuestra herencia es la alabanza a Dios.
 
CONCLUSIÓN
¿Tiene usted un puñado de sueños hechos añicos? ¿Le ha roto alguien su corazón? ¿Ha perdido algo con lo que usted creía que podía contar? No descarte la esperanza para el futuro. Puede parecer como que no hay en quien confiar ni digno de ser creído; pero Dios es diferente. Déjelo que le recuerde que él es fiel. En Cristo, el Todopoderoso garantiza una increíble herencia eterna. Es una herencia tan maravillosa que cuando usted por fin la reciba, ¡usted querrá alabar a Dios y darle las gracias por toda la eternidad! Etiquetas:
Categoría: ESTUDIOS | Visiones: 806 | Ha añadido: cristianojpv | Ranking: 0.0/0
Total de comentarios: 2
1  
Gracias hermano por su exelente enseñanza, la verdad me salieron las lagrimas de gozo y de decir, Señor ¿por que me salvaste a mi que fui tan pecador?, gracias hermano.

2  
El Señor Jesucristo le bendiga hermano, sea toda la Honra y Gloria a nuestro Señor Jesucristo. Y nos gozamos que le sea para bendición.

biggrin


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