LA TIERRA PROMETIDA PARA ISRAEL - 30 de Junio 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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7:29 PM
LA TIERRA PROMETIDA PARA ISRAEL
 
 

 
LA TIERRA DE PROMISION
 
Puede que se suscite esta pregunta: «¿No les prometió Dios a Abraham, Isaac y Jacob, que la tierra pertenecería por siempre a sus descendientes?». La primera mención del acuerdo de tierra, que Dios hizo con Abraham y sus descendientes, se hizo después que Abraham viajó de Ur de los caldeos hasta Harán, para quedarse por un breve tiempo en este lugar, y luego hasta Canaán (la Israel actual).
 
En ese tiempo Dios dijo a Abraham: «A tu descendencia daré esta tierra» (Génesis 12.7b). Cuando Abraham ya estaba más establecido en la tierra, Dios le dijo: «Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre» (Génesis 13.14b, 15; vea Deuteronomio 12.1).
 
Más adelante Dios hizo la promesa en la forma de un pacto, en el cual definió los límites. Moisés definió esos límites más detalladamente en Números 34.2– 12, incluyendo la región territorial de las diez naciones cananeas: «En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates» (Génesis 15.18). El reino de Salomón incluía esta región. «Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el Éufrates hasta la tierra de los filisteos y el límite con Egipto» (1o Reyes 4.21a). La promesa que Dios le hizo a Abraham fue repetida a Isaac (Génesis 26.3–4) y a Jacob, con la promesa de que sería dada a sus descendientes después de él (Génesis 28.13; 35.12).
 
Años más adelante, después que los descendientes salieron de Egipto, Dios prometió la tierra a la nación de Israel (Éxodo 6.4, 8). Con Josué al frente de ellos, los israelitas conquistaron la tierra y se establecieron en ella. Cuando la obra de Josué acabó, leemos que Dios había cumplido Su promesa: De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella (Josué 21.43). … No ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas (Josué 23.14b).
 
Aunque la tierra fue dada a Israel, el recibirla y el quedarse en ella, dependían de que tuvieran el debido respeto a Dios y a Sus mandamientos: A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar (Deuteronomio 30.19–20).
 
De la generación que salió de Egipto —la generación a la cual Dios había prometido la tierra (Éxodo 6.8; 12.25; Deuteronomio 9.23)— solamente dos hombres recibieron tierra alguna (Números 32.9–12; Deuteronomio 1.35–36; Josué 5.6). Si Israel no hacía lo que Dios les mandó, entonces Él haría a esta nación lo que había planeado hacer a las otras naciones que estaba echando de delante de Israel (Números 33.55–56): Les quitaría la tierra.
 
La tierra era de Israel, pero con condiciones. Dios dijo en Génesis 13.15: «la daré a ti y a tu descendencia para siempre». No obstante, la expresión «para siempre» en esta promesa, es el hebreo olam, que significa «continuamente», pero no necesariamente «por la eternidad». También se traduce por «perpetua», tal como en la declaración: «y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua» (Génesis 48.4b; vea también Éxodo 32.13). Algunos ejemplos serán suficientes para demostrar que olam no necesariamente significa «sin fin»:
 
 
1) Dios dijo que el pueblo creería en Moisés «para siempre» (olam; Éxodo 19.9). No había pasado mucho tiempo, cuando ya habían perdido la confianza en este y deseaban elegir a otro dirigente (Números 14.4).
 
2) El siervo hebreo que estaba contento con su amo, le serviría a este «para siempre» (olam; Éxodo 21.6). Sin embargo, después de la muerte de su amo, un esclavo ya no le sirve (Job 3.19).
 
3) El sacerdocio de los hijos de Aarón había de ser «perpetuo» (olam; Éxodo 40.15). El Nuevo Testamento declara que el sacerdocio fue cambiado (Hebreos 7.12–14).
 
4) Las ofrendas encendidas se consideraban «estatuto perpetuo» (olam; Levítico 6.18). No obstante, esas ofrendas ya no se hacen más. Fueron solo «la sombra de los bienes venideros» (vea Hebreos 10.1–4).
 
 
Muchos otros ejemplos se pueden dar. La promesa que se hizo era que la tierra seguiría siendo de ellos siempre y cuando obedecieran a Dios. No obstante, Moisés le dijo a Israel que ellos desobedecerían a Dios y serían «arrancados de sobre la tierra» (Deuteronomio 28.63b).
 
 
Aunque Dios prometió castigar a los israelitas por quebrantar el pacto, Él prometió que no los destruiría completamente. Esto es lo que leemos: Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios. Antes me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de Egipto a los ojos de las naciones, para ser su Dios. Yo Jehová (Levítico 26.44–45).
 
Dios profetizó que las naciones se maravillarían de por qué esto había sucedido: … Más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto (Deuteronomio 29.24–25).
 
Dios actuó contra Israel de conformidad con las condiciones del pacto; los castigó. A pesar de las advertencias de Dios, este castigo no hizo que Israel se volviera a Él. Dios habló a Jeremías, diciendo: Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron. […] Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres […] He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré (Jeremías 11.8–11).
 
Esto es lo que sucedería cuando Dios hiciera cumplir la desaparición de Jerusalén, el último baluarte de Su pueblo: «Y muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán cada uno a su compañero: ¿Por qué hizo así Jehová con esta gran ciudad? Y se les responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová su Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron» (Jeremías 22.8–9). El pueblo de Israel llegó a ser un escarmiento para las demás naciones. Al quebrantar el pacto de obediencia a Dios, se privaron de las bendiciones que Dios les había prometido a cambio.
Categoría: ESTUDIOS | Visiones: 4639 | Ha añadido: cristianojpv | Ranking: 0.0/0
Total de comentarios: 4
1  
Juan Chamorro. Agradeceríamos fueras un poco más claro.
Saludos cordiales. surprised

2  
c cccccccccccccccccccccccccccccccc

3  
kkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk

4  
que bonitoooooooooooooooooooo

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