EL BAUTISMO BIBLICO - 5 de Julio 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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EL BAUTISMO BIBLICO
Uno de los grandes temas del Nuevo Testamento es el bautismo. La palabra «bautismo», incluidas sus diversas formas, se menciona más de cien veces en el Nuevo Testamento. No obstante, este es un tema sobre el cual existe mucha confusión en el mundo religioso. ¿Qué es lo que realmente dice la Biblia acerca de él?



¿QUÉ ES EL BAUTISMO?
Nuestro estudio del bautismo debe comenzar con la pregunta «¿Qué es el bautismo?». Esto es, ¿qué acción se lleva a cabo en el bautismo: sumergir, rociar o verter? ¿puede significar la palabra «bautismo» cualquiera de estas tres acciones? Por muchos años este ha sido un tema polémico, sin embargo no parece haber habido polémica sobre esto en los tiempos cuando se estuvo escribiendo el Nuevo Testamento. Es cierto que hubo varias polémicas, y se hace mención de ellas en las Escrituras; pero no hallamos indicio de alguna que tuviera que ver con el significado de la palabra «bautizar».

Definido por términos
«Bautizar» es la forma castellanizada de la palabra griega. Su significado primordial es «sumergir », y este dato puede conocerse mediante consulta de un léxico griego, un libro que da la definición de las palabras griegas. (No podríamos conocer el significado que esta palabra griega tuvo en el siglo I, si lo buscáramos en un diccionario del español, porque estos la definirían según la acepción moderna generalizada, y no según el significado que le daba el uso de ella en el siglo I.)
Existe una palabra griega que significa «rociar»; su forma castellanizada es rantizo. Asimismo, existe una palabra griega que significa «verter», y esta es queo. En Levítico 14.15–16, de la Septuaginta, se leen las tres palabras anteriores. El sacerdote había de verter el aceite en su mano. Había de sumergir su dedo derecho en el aceite. Después había de rociar el aceite. Tenemos aquí las tres palabras en dos versículos, y la palabra que se traduce por «sumergir» es la raíz de la misma palabra de la cual proviene «bautizar». Lo mismo se puede decir de 2o Reyes 5.14, el pasaje en el cual se dice que Naamán se sumergió. Parece que había un generalizado entendimiento del significado de la palabra «bautizar» en los tiempos de los apóstoles, de modo que no había polémica en ese tiempo en cuanto a su significado. Estoy convencido de que una persona, que no sepa nada del idioma griego, en el cual fue escrito el Nuevo Testamento, bien puede tomar su Biblia y descubrir qué es el bautismo con solo leer los pasajes en que este se menciona.


Definido por las circunstancias
Al leer varios pasajes, descubrimos que el lugar elegido para los bautismos fue siempre un río o un lugar en el que hubiera «muchas aguas» (Mateo 3.6; Juan 3.23). Antes que Pablo se bautizara, se le dijo que se levantara, como una forma de preparación, para el acto (Hechos 22.16). En el caso del bautismo del noble etíope, tanto el predicador como el hombre a ser bautizado, descendieron al agua antes del bautismo (Hechos 8.38). El bautismo se llevó a cabo mientras estaban dentro del agua.


Los hombres inspirados del siglo I, eran sin duda hombres racionales, y las acciones de ellos eran igualmente racionales. No pudieron haber estado actuando de un modo racional si la acción llevada a cabo en el bautismo era el rociar o el verter. El rociar y el verter habrían sido más cómodos sin haber tenido que ir a un río, ni haber descendido al agua. De hecho, si el bautismo suponía solamente el rociar, no podía haber habido razón para tales acciones. La inmersión, en cambio, sí constituye una explicación satisfactoria para ellas. Lo más lógico sería que al elegir un lugar donde hubiera «muchas aguas», el predicador y el candidato a ser bautizado, descendieran ambos al agua, si es que el bautismo supone inmersión. En vista de que hemos de suponer que estos hombres actuaron racionalmente, debemos concluir lógicamente que la práctica continua de esos tiempos era la inmersión.




Definido por referencias
En el Nuevo Testamento, se hacen algunos comentarios incidentales en relación con el bautismo, comentarios que indican las características de las acciones que suponía. Al hacer tales referencias, no era el propósito primordial del autor definir el bautismo. No obstante, esto fue exactamente lo que hizo al poner de manifiesto ciertas acciones relacionadas con él. Jesús se refirió al bautismo como un nacer del agua, en Juan 3.5. No hay manera de relacionar un nacimiento con el rociar. En vista de que a Jesús se le llama «el primogénito de entre los muertos» (Colosenses 1.18), al compararse Su resurrección con un nacimiento, se deduce que el resucitar nosotros del sepulcro de agua, es asimismo un nacimiento.


El autor de Hebreos se refirió a un lavamiento del cuerpo con agua pura, lavamiento que se refiere necesariamente al bautismo (Hebreos 10.22). A la acción de rociar no podría llamársele lavamiento del cuerpo. Pedro aseguró a aquellos a quienes escribía, que el bautismo no consiste en quitar «las inmundicias de la carne, sino [en] la aspiración de una buena conciencia hacia Dios» (1era Pedro 3.21). Pedro vio la necesidad de advertirles que el bautismo no tenía como propósito quitar la suciedad del cuerpo. Es obvio que temía que ellos pudieran tener esta idea. Esta advertencia no habría sido necesaria si el bautismo se hubiera llevado a cabo por medio de rociar unas cuantas gotas de agua sobre la cabeza. Estas y otras referencias indican definitivamente la práctica de la inmersión.

Definido por testimonio directo
Consideremos ahora algunas afirmaciones que claramente indican en qué consiste el bautismo. Pablo afirmó, refiriéndose a Cristo, que «somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo» (Romanos 6.4). En Colosenses 2.12, escribió que habiendo sido «sepultados con él en el bautismo […] fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos». Si una persona tratara de formular una declaración acerca de lo que ocurre en el acto de inmersión, no podría haberlo hecho con mejores palabras que el decir que fuimos sepultados y resucitados. ¿Puede decir una persona a la que solo le hayan rociado unas cuantas gotas de agua sobre su cabeza, que fue sepultada y resucitada juntamente con Cristo? No podría decirlo con sinceridad.

¿QUIÉN PUEDE BAUTIZARSE?
¿Quién puede bautizarse? Esta es una pregunta muy importante. Es esencial responderla correctamente.


Deben llenarse ciertos requisitos
Podemos conocer quién es un candidato apropiado para el bautismo al observar los pasos preparatorios que se estipulan en las Escrituras. Jesús autorizó el bautismo en Su gran comisión. Según la versión que da Mateo de esta comisión, el bautismo ha de ser precedido por la enseñanza. Según la versión de Marcos, ha de ser precedido por la fe. Según la versión de Lucas, parte de la prédica ha de tratar sobre el arrepentimiento (Mateo 28.19–20; Marcos 16.15–16; Lucas 24.46–47).


El día de Pentecostés, Pedro puso como requisito para el bautismo el arrepentimiento (Hechos 2.38). Por lo tanto, no se podría decir que una persona ha sido bautizada con la autoridad de Jesús si no se le ha enseñado, si no ha creído y no se ha arrepentido de sus pecados. La única persona que Jesús da autoridad para bautizar es el creyente arrepentido. A un niño no se le puede enseñar el evangelio, no puede creer y no puede arrepentirse. Por lo tanto no hay autorización de Jesucristo para bautizarlo.


El «bautizar a niños» equivale a actuar sin Su autorización, y Él «tiene toda autoridad» (Mateo 28.18). En la medida que el llamado «bautismo de niños» prevalezca, el bautismo de creyentes será minimizado. ¡Recordemos que el bautismo de creyentes es el único bautismo que Jesús alguna vez autorizó!




El «bautismo de niños» no se practicó
En el libro de Hechos tenemos documentadas las prédicas que los apóstoles hicieron al cumplir la Gran Comisión. Estaban laborando bajo la autoridad de Jesús, y estaban llevando a cabo los deberes que les imponía la Gran Comisión. Hay quienes han argumentado que ellos bautizaban niños. Si así fue, entonces habrían pasado por encima de la autoridad de Jesús. Además, si en realidad bautizaron niños, sería una práctica de la cual el libro de Hechos guarda silencio. Lo que se menciona es el bautismo de creyentes (Hechos 2.37–41; 8.12), pero no se hace mención alguna del bautismo de niños.


Los niños se mencionan en relación con muchos eventos bíblicos, tales como el del decreto de Faraón y el de la bendición que hizo Jesús de los niños, pero en relación con el bautismo no se hace mención alguna de estos. En el Antiguo Testamento, Dios mandó que se circuncidara a los niños —y se hace repetida mención de esta práctica. En el Nuevo Testamento, en cambio, no hay mandamiento de Dios en el sentido de bautizar niños —y no hallamos ejemplo alguno de los apóstoles, en relación con tal práctica.


Los defensores del «bautismo de niños» han presentado los casos de bautismos de familias como prueba. Señalan la casa de Cornelio, la de Crispo, la del carcelero de Filipos y la de Lidia. Dicen que estas familias debieron ciertamente haber incluido niños; sin embargo, esto no necesariamente fue así. Puede haber cualquier cantidad de familias en las que no hay niños. Son muchas las suposiciones que se deben hacer para llegar a la conclusión que llegan los que desean mantener este punto de vista.


Considere, por ejemplo, el caso de Lidia. El que abogue por el «bautismo de niños» debe dar por sentado que Lidia era casada, que tenía hijos, y que algunos de estos hijos eran menores de edad, ¡y que estos se encontraban con ella en un viaje de negocios desde Tiatira hasta Filipos! Obviamente, ninguna práctica se puede basar con seguridad en tal serie de suposiciones. En los demás casos que hemos mencionado, algo se dice en cada uno de ellos que básicamente excluye la posibilidad de que hubiera niños en la familia. La casa de Cornelio era «[temerosa] de Dios» (Hechos 10.2). La casa de Crispo «creyó» (Hechos 18.8), y la casa del carcelero de Filipos «se regocijó […] de haber creído» (Hechos 16.34). Los niños pequeños no temen a Dios, y no creen. Por lo tanto, no podían haber estado incluidos en las familias mencionadas.


El «bautismo de niños» es ilógico
Jesús enseñó que los niños no tienen pecado (Mateo 18.3). Enseñó que al convertirnos hemos de hacernos «como niños». En vista de que el bautismo tiene como propósito el perdón de los pecados (Hechos 2.38), sería imposible que un niño fuera bautizado conforme a las Escrituras. Por años la práctica del «bautismo de niños» fue defendida con el argumento de que los niños son culpables del pecado original, a pesar de que autores primitivos, tales como Tertuliano, sostenían que los niños no tienen pecado. Durante los dos primeros siglos de la historia de la iglesia, la práctica no fue defendida y ni siquiera mencionada. Además, la enseñanza neotestamentaria es tal que excluye la posibilidad de que el bautismo de niños sea aceptable.


Los pedobautistas (los que bautizan niños) han renunciado por lo general a la idea del pecado original como la razón para el bautismo de niños. Como están las cosas, entonces, la práctica del «bautismo de niños» no tiene sentido ni lógica. El bautismo es un solemne acto de obediencia a Dios.

¿ES NECESARIO EL BAUTISMO?
Jesús les dijo a Sus discípulos que bautizaran «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»... Esto lo estudiaremos en un nuevo estudio... por mientras y para nuestro estudio usaremos sin más (Mateo 28.19). Obviamente, un acto que se haga en EL NOMBRE de las tres manifestaciones de la Deidad debe de tener un importante propósito. ¿Cuál es el propósito del bautismo? ¿Para qué es? Muchos han insistido en que es una simple formalidad opcional. Pero es al contrario, su propósito es de tal naturaleza que uno no puede llegar a ser cristiano sin ser bautizado como es debido.



Es una condición de salvación
Es necesario bautizarnos para llegar a ser cristianos, porque Jesús mencionó el bautismo como una condición de salvación (Marcos 16.16). Al bautismo se lo menciona antes de la salvación. Está vinculado con la fe. La salvación sigue a la fe y al bautismo. El bautismo no es la única condición, ni es la más importante; pero es una de las condiciones del plan de salvación. El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras de Cristo no pueden fallar. Después de considerar las propias palabras de Jesús, ¿a quién se le ocurriría decir: «El que creyere y rehúsa ser bautizado será salvo?». Jesús dijo: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo».


Es para el perdón de los pecados
Es necesario bautizarnos para llegar a ser cristianos, porque el Nuevo Testamento enseña que el bautismo es para, o con el fin de, el perdón de los pecados (Hechos 2.38). La anterior fue una aseveración hecha por Simón Pedro, un apóstol inspirado, que habló según el Espíritu le dio que hablase. Fue hecha en respuesta a la pregunta «¿Qué haremos?». Pedro acababa de convencer y compungir a tres mil personas con una magistral presentación del mensaje del evangelio de Dios. A un grupo de creyentes les dijo: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…».


El arrepentimiento y el bautismo están vinculados en este pasaje. A los dos juntos se les considera que son para el perdón de los pecados. Cual sea el propósito del arrepentimiento, es el mismo del bautismo. Si fuera, como algunos sostienen, que los convertidos de Hechos habían de ser bautizados «por causa del» perdón de los pecados, entonces también habían de arrepentirse por causa del perdón de los pecados, ¡y esto no tiene sentido! Si el perdón de los pecados se produce como resultado del arrepentimiento, entonces también se produce como resultado del bautismo. Tenemos una expresión casi idéntica en Mateo 26.28, donde se lee: «para remisión de los pecados».


La sangre de Cristo se derramó para el perdón de los pecados. Obviamente, nadie sostendría que Cristo derramó Su sangre por causa de que los pecados ya estaban perdonados. Él la derramó con el fin de obtener para nosotros la remisión de los pecados. Los pecadores han de ser bautizados con el fin de obtener tal remisión.


Nos salva
Es necesario bautizarnos porque el Nuevo Testamento enseña que el bautismo ahora nos salva (1era Pedro 3.21). Consideremos otra vez las palabras de Pedro. ¡El bautismo salva! Por supuesto, no salva del mismo modo que Jesús lo hace; el bautismo no es nuestro Salvador. No obstante, se considera que salva, porque es uno de los elementos a los cuales se atribuye salvación. Es una de las condiciones mencionadas por Jesús, que el hombre debe cumplir con el fin de tener la salvación. Muchos han tratado de explicar este pasaje de un modo cuyo propósito es concluir que el bautismo no salva —sin embargo, ¡Pedro dice que sí salva! Cuando alguien «explica» las palabras de Pedro con el fin de llegar a una conclusión en el sentido de que el bautismo no salva, su «explicación» se convierte en una clara negación de tales palabras.


Nos introduce en Cristo
Es necesario bautizarnos para llegar a ser cristianos, porque el Nuevo Testamento enseña que el bautismo nos introduce en Cristo (Romanos 6.3–4). cuando somos bautizados en Cristo, somos revestidos de Cristo (Gálatas 3.27) y llegamos a ser nuevas criaturas en Cristo (2a Corintios 5.17). La redención se encuentra en Cristo (Efesios 1.7). La vida eterna se encuentra en Cristo (1era Juan 5.11). De hecho, todas las bendiciones espirituales se encuentran en Cristo (Efesios 1.3). Mientras el mundo entero está bajo el poder del maligno (1era Juan 5.19), el cristiano está en Cristo. El bautismo es el acto que lo introduce a uno en Cristo.


Lava nuestros pecados
Es necesario bautizarnos para llegar a ser cristianos, porque el Nuevo Testamento enseña que el bautismo está relacionado con el lavamiento de los pecados (Hechos 22.16). Otras Escrituras mencionan este lavamiento (Efesios 5.26; Hebreos 10.22; Tito 3.5). A Saulo se le mandó que se bautizara y lavara sus pecados (Hechos 22.16). En el camino a Damasco el Señor le dijo a Saulo que en esa ciudad se le diría lo que debía hacer (Hechos 9.6). Y lo que se le dijo fue que se bautizara y lavara sus pecados. Muchos objetan el relacionar el bautismo con el lavamiento de los pecados, porque dicen que no pueden creer que el agua lave los pecados. No obstante, Hechos 22.16 no dice que estos sean lavados por el agua. De hecho, no dice qué es lo que los lava. Simplemente dice cuándo es que son lavados. Juan declaró que hemos sido lavados de nuestros pecados con la sangre de Jesucristo (Apocalipsis 1.5). Este pasaje dice qué es lo que lava los pecados, pero no dice cuándo lo hace. Al juntar Hechos 22.16 y Apocalipsis 1.5, tenemos el qué (la sangre de Cristo) y el cuándo (en el momento del bautismo). Por supuesto que no es que la sangre literalmente lave los pecados, y es obvio que no podemos entrar en contacto con la sangre de Jesús de un modo literal. Tenemos que acercarnos a ella espiritualmente, por los medios que Dios ha señalado para ese propósito.


Nos habilita para ser salvos por gracia
Es necesario bautizarnos para llegar a ser cristianos, porque el Nuevo Testamento enseña que somos salvos por gracia (Efesios 2.5, 8–9; Tito 2.11). ninguna persona es salva por gracia sino hasta que cumple las leyes que la gracia ha estipulado. «Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» (Génesis 6.8). Noé se benefició de esa gracia debido a su obediencia a los mandamientos de Dios. Dios entregó la ciudad de Jericó en manos de Josué (Josué 6.2), pero no recibió este don sino hasta que cumplió las condiciones que Dios estipuló. Nuestro pan de cada día nos es dado por gracia. Es un don de Dios. No obstante, no recibimos nuestro pan de cada día, a menos que cumplamos las leyes de la naturaleza. Lo mismo sucede con nuestra salvación. Somos salvos por gracia, pero esta no salva a los desobedientes. En vista de que Jesús mandó el bautismo como condición para la salvación, se deduce que debemos ser bautizados con el fin de ser salvos por la gracia de Dios.


Nos permite ser salvos por fe
Es necesario bautizarnos para llegar a ser cristianos, porque el Nuevo Testamento enseña que somos salvos por fe. La fe que aprovecha es la que obra (Gálatas 5.6). No es por una fe muerta que somos salvos, ya que esta es una fe sin obras (Santiago 2.26). La fe se perfecciona por las obras (Santiago 2.22). Según Marcos 16.16, el bautismo es un acto de obediencia relacionado con la fe: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado». En vista de la veracidad de lo anterior, la fe que salva es aquella que tiene la suficiente fuerza para mover a una persona a ser bautizada. La fe salva cuando obedece.


CONCLUSIÓN
Podemos llegar a varias conclusiones provenientes del significado de la palabra «bautizar» y de los ejemplos y afirmaciones que encontramos en el Nuevo Testamento. Varias referencias de los escritos de Pablo coinciden plenamente con la definición de bautismo como una sepultura, una inmersión. Descubrimos que el bautismo es administrado solamente a los creyentes arrepentidos, con el fin de que puedan ser perdonados de sus pecados y ser salvos por la gracia de Dios. Hemos visto que el bautismo nos salva e introduce en Cristo. Como expresión de nuestra fe, el bautismo es el ejercicio de la gracia de Dios, pues es el momento cuando los pecados son lavados. De todas las anteriores consideraciones se deduce que el bautismo es esencial para nuestra salvación.


¿Ha sido usted bautizado de este modo y por esta razón? «Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre» (Hechos 22.16).

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