EFESIOS XVIII: Vístase de Cristo. - 9 de Julio 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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10:16 PM
EFESIOS XVIII: Vístase de Cristo.
Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Eph 4:17-24 RV60)
 
 
Cada año la revista algunas revistas de moda imprimen una lista de las celebridades que han sido escogidas como "la mejor vestida” y "la peor vestida”.1 Las personas a las que les preocupa vestir a la moda leen esta lista para ver quienes están "en” estilo y quiénes "fuera” de estilo.
 
¿Sabía que a Dios le importa nuestro vestuario? A él le importa. El que usted esté estrenando nuevos pantalones o esté calzando un estilo popular de zapatos no es asunto que le importe. Él busca una clase diferente de vestuario —el vestuario espiritual que cada uno de nosotros lleva puesto. Pablo describió este vestuario. Describió lo que necesitamos quitarnos y lo que necesitamos ponernos como cristianos que somos:
 
Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (4.17–24).
 
He aquí una verdad básica: Los cristianos necesitan envolverse en una totalmente nueva forma de vivir en Cristo.
 
 
ROPAS VIEJAS
En los años sesenta Joseph Fletcher publicó un libro llamado Ética situacional (Situation Ethics). En este libro, él negó la existencia de valores absolutos morales. Fletcher sostenía que lo correcto no siempre es correcto y que lo erróneo no siempre es erróneo. Sugería que la ética dependía de la situación: Una acción podría ser correcta un día y errónea el siguiente.
 
Ahora, menos de cuarenta años después de que se publicara, la ética situacional de Fletcher parece gobernar la sociedad. Apenas hace una generación que la gente tenía creencias morales basadas en valores absolutos: Era poca la gente que cuestionaba que el conservarse virgen hasta el matrimonio era lo correcto; que un día honesto de trabajo por una paga honesta era lo correcto; que la homosexualidad era un estilo de vida pervertido; o que jamás es correcto mentir, robar, mirar pornografía o cometer adulterio. La sociedad no sostiene ya estos puntos de vista.
 
Las palabras de Pablo casi suenan como si estuviera escribiéndoles directamente a los cristianos que se encuentran dentro de nuestra sociedad. Esto fue lo que dijo: "Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles,…” (4.17). Una versión dice: "Y así, insisto —y Dios me respalda en esto— que no haya el andar juntamente con la multitud” (TM).
 
¿A qué se asemejará el vivir de la forma como vive "la multitud”? Pablo lo describió como una especie de marcha hacia la muerte, en la que cada paso que se da, lo acerca más a la destrucción eterna. El primer paso es la obstinación. Los que desprecian los estilos de vida según Dios, tienen "el entendimiento entenebrecido, [están] ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (4.18).
 
Los corazones pueden endurecerse, petrificarse, o calcificarse. La palabra "dureza” que se usa en el versículo 18, se puede aplicar al callo que se forma en el punto en que un hueso roto se suelda. Este callo en realidad llega a ser más duro que el hueso mismo. El pecado tiene el mismo efecto de endurecimiento gradual del corazón de una persona. Cuando yo era adolescente, compañero de curso sacó a escondidas de su casa una de las revistas pornográficas de su padre. Él buscaba un lugar, donde esconderse y mirar cada página. Sabía que era erróneo lo que hacía. No quería que la gente supiera lo que estaba haciendo, así que se escondía.
 
Ese día su corazón comenzó a endurecerse. A los pocos años había comenzado a comprar sus propias revistas. Había descubierto el poder adictivo del pecado: Siempre y cuando le digamos "sí” al pecado, éste actúa como una sed que no puede ser apagada. Yo le puedo decir que sólo Jesús nos puede librar y hacer que nuestros corazones se suavicen nuevamente. El paso número dos es el entenebrecimiento. Los que desprecian el estilo de vida según Dios tienen "el entendimiento entenebrecido…” (4.18).
 
Odio andar tropezando en la oscuridad, ¿no le pasa lo mismo a usted? El andar a tientas, en medio de las tinieblas, puede causar que uno se haga daño. Eso es lo que el pecado nos hace a nosotros. Oscurece la vida. En la oscuridad, la persona es incapaz de ver el camino. Por ejemplo, hace que un drogadicto ponga su vida en riesgo por causa de ese momentáneo "elevamiento” que la cocaína ofrece.
 
Sólo un entendimiento entenebrecido lo arriesgaría todo por una emoción que dura sólo un rato. El pecado nos impide pensar con claridad. El paso número tres es el juicio. El pecado separa a la persona hasta hacerla "[ajena] a la vida de Dios” (4.18). El pecado causa que perdamos contacto con Dios —una forma de juicio— y que perdamos la habilidad de pensar rectamente.
 
Tal como una traducción lo expresa: "Se ha rehusado por tan largo tiempo a tratar con Dios, que han perdido contacto no solamente con Dios, sino también, con realidad misma. No pueden pensar rectamente ya más” (4.18; TM). El alcohol, los juegos de azar, la pornografía, las drogas y la sexualidad desenfrenada tienen tal efecto. El cuarto paso de esta marcha hacia la muerte es el desenfreno. Esto es lo que Pablo dice respecto de las personas que no viven según Dios: "… los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (4.19).
 
Cada vez que leo esto, me sirve de recordatorio del potencial que existe en cada uno de nosotros para llegar a ser lascivos e impuros. Ninguno de nosotros está fuera de la esfera en la que se desarrolla una insaciable lascivia por algo y en la que se pierde el control de nuestras vidas. Los griegos antiguos contaban una historia acerca de un chico espartano el cual robó una zorra y después se encontró con el dueño de ella. Para ocultar lo que había hecho, el chico puso la zorra dentro de sus ropas. Se quedó quieto. Ni siquiera parpadeó cuando la asustada zorra le clavó sus garras y le desgarró sus entrañas. Aun enfrentado al costo de una dolorosa muerte, el chico no confesaría que había cometido un error. El pecado hace eso. Atrapa a las personas, al punto que lo sufren todo antes de admitir que su "estilo de vida” es en realidad el camino a la muerte.
 
NUEVAS ROPAS
El pecado causa que marchemos hacia la muerte, pero Jesús puede cambiar el rumbo de nuestra marcha. Con respecto a la vida antigua, esto fue lo que Pablo dijo: "Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo” (4.20). El conocerlo a él requiere de un cambio en la forma como vivimos.
 
Podemos asemejar el vivir en Cristo con el ir a la escuela. Hemos ido a la escuela en Cristo para aprender qué es lo que tenemos que quitarnos y qué lo que tenemos que ponernos. Cristo es el currículo, el maestro y el aula para nuestras vidas. Nosotros aprendemos a Cristo (4.20).
 
Cristo mismo es nuestro currículo. Lo estudiamos a él para saber cómo vivir. También oímos a Cristo (4.21). En otras palabras, Cristo es nuestro maestro. Se nos ha enseñado en él (4.21). Cristo es nuestra aula. Estando en él tenemos lo que necesitamos para rectificar nuestro pensamiento moral. Pablo comparaba el convertirse en seguidor de Cristo con el cambiarse de ropas. Esto fue lo que escribió: "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,…” (4.22).
 
El estar en Cristo es como quitarse vestiduras viejas y sucias, echarlas dentro de una bolsa hermética, y botarlas para que así jamás sean usadas nuevamente. Cuando estamos en Cristo, eso es lo que hacemos con la vida antigua. Luego Pablo añadió: "… y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (4.23). La palabra "renovaos” significa ser hechos nuevos otra vez —rejuvenecidos, para siempre jóvenes, y para siempre puros. El versículo 24, va un paso más allá: Se nos enseña que "[nos vistamos] del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Expresándolo de otra manea, Jesús nos llama a que nos vistamos de su vida.
 
CONCLUSIÓN
¿Cuáles son los pasos que podemos dar que nos ayuden a vestirnos con la nueva vida en Cristo?
 
Tome una decisión. Cada día usted enfrenta elecciones morales. Lo que usted decida a cada momento será influenciado por la decisión que usted ya haya tomado acerca de la clase de persona que usted quiere ser.
 
Tome la decisión de querer ser como Cristo. Comience el día tomando el rumbo correcto. Comience cada día orando a Dios. Tómese unos momentos para leer la palabra de Dios y marque la pauta del día.
 
Marque la línea y manténgase a buena distancia detrás de ella. La mayoría de los cristianos quieren ser fuertes. El problema es que todos tenemos debilidades. Necesitamos saber cuáles son nuestras debilidades, marcar una línea que nos separe de ellas, y mantenernos bien alejados detrás de esa línea.
 
¿Con cuál área de su vida es con la que usted está constantemente lidiando? ¿Cuáles son los pecados que usted se encuentra a sí mismo repitiendo? ¿Cuál es la mejor "carnada” de Satanás para conseguir su atención? Aprenda a marcar la línea y manténgase bien alejado detrás de ella.
 
Guarde su corazón. Usted no puede servir a dos señores. Si usted quiere servir a Jesús para que él sea su Maestro, ciertas ideas y actividades deberán ser eliminadas de su vida.
 
Guarde su mente. Aquello en lo cual usted fije su mente llega eventualmente a determinar el resultado de la batalla. Guarde sus ojos. En Génesis 39, José demostró saber que una persona no puede [tomar] fuego en su seno sin que sus vestidos ardan. El rey David se olvidó de ese hecho. No guardó sus ojos. La frase que dice cuida tus ojitos lo que ven es más que un verso de una canción para niños.
 
Guarde toda parte de su vida. Cualquier idea o acción que usted sabe que no podría ser buena para usted es suficiente para dañarle su vida espiritual. Evite pensamientos justificativos con frases, tales como: "Puedo manejarlo”, "No es tan malo”, "La Biblia no especifica esto”. Guarde aun los más pequeños pensamientos y acciones.
 
A Dios le importa su vestuario espiritual. Mientras piensa en su vestuario, evalúese usted con respecto a las siguientes expresiones, usando una escala del 1 al 10, siendo el 1 "Estoy en desacuerdo total”, y el 10 "Estoy totalmente de acuerdo”. ______"Me he vestido del nuevo hombre en Cristo”. ______"No estoy yendo juntamente con la multitud”. ______"Mis pensamientos están controlados”. ______"No permito que mis ojos vean lo que no deben ver”. ______"Cristo está satisfecho con mi pureza”. ______"Sé donde está mi línea, y me mantengo a una distancia segura detrás de ella”. ______"Soy cuidadoso acerca de lo que elijo como entretenimiento”. Después que haya completado este autoexamen, vaya al Señor en oración.
 
Haga las confesiones y compromisos que usted necesite hacer. Pida fortaleza para poder vestirse de Cristo.
 
 
 
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