EFESIOS XII NUESTRA IDENTIDAD: EL TEMPLO DE DIOS - 12 de Agosto 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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Inicio » 2010 » Agosto » 12 » EFESIOS XII NUESTRA IDENTIDAD: EL TEMPLO DE DIOS
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EFESIOS XII NUESTRA IDENTIDAD: EL TEMPLO DE DIOS
"Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Eph 2:19-22 RV60)
 
 
Si existe un personaje que me gusta leer en la Biblia es David. Este hombre conforme al corazón de Dios, en cada una de las etapas de su vida tiene algo que enseñarnos.
 
No es que su vida fuera TODA un ejemplo a seguir, pero si aprendemos algo que Pablo quiso enseñar en los versos que leímos. David decidió apartarse del camino de Saúl de una forma definitiva, olvidando las promesas de Dios, e involucrando su propia Identidad. Él, estaba destinado a ser el rey de Israel, pero en cierto momento de su vida, David se halla a si mismo fuera de su ámbito, joven e inmaduro decide abandonar su hogar y el ambiente que le era familiar para ir a vivir en tierra enemiga.
 
La historia se recoge en los últimos capítulos de 1 de Samuel (Cáp. 27 al 31). En aquel lugar no se comporta del todo como el rey que estaba destinado a ser por la voluntad expresada de Dios. Vive muy por debajo del estatus y la dignidad que le eran propios.
 
Los cristianos pueden, o más bien dicho, somos como David, podemos salirnos de nuestro ámbito, y dejar de comportarnos como deberíamos, habiendo sido trasladados del reino de las tinieblas, al reino de su amado hijo Jesucristo. Podemos olvidar la identidad que nos corresponde al ser el nuevo linaje de Dios.
 
David no volvió en sí hasta que Dios le mostró por medio del dolor que es lo que tenía que hacer, fue sólo en ese momento cuando David reacciona y puede dimensionar lo grandioso que le esperaba en su futuro como rey, cuando tiene un vislumbre de aquello a lo que estaba destinado a ser.
 
Lo mismo nos sucede a nosotros, necesitamos ser llevados nuevamente a mirar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, pero no solo eso, sino lo que quiere hacer con nosotros en el futuro. En la última parte de Efesios 2, Pablo trató de hacer eso para los cristianos de Éfeso. Les dio un vislumbre del impacto de la gracia de Dios en las vidas de los cristianos y lo que Dios desea para su pueblo. En 2.11–18, Pablo sugirió esta verdad acerca del impacto de la gracia de Dios en nuestras vidas:
 
 
En 2.11–18, Pablo sugirió esta verdad acerca del impacto de la gracia de Dios en nuestras vidas: la gracia de Dios nos ha convertido en una nueva raza de la humanidad. Dios desea que nos veamos a nosotros mismos, no como seres un poquito diferentes a lo que una vez éramos, sino como una comunidad totalmente nueva de personas que han venido a existir "por la sangre de Cristo” (2.13).
 
En 2.19–22, Pablo varió el cuadro: la gracia de Dios nos ha convertido en un templo santo. Puede que su vida no siempre lo refleje. Ciertamente que la mía no. Así como David nosotros a veces perdemos nuestro porte y nos metemos en cosas que no compaginan con la santidad de Dios. David tenía que ver aquello a lo que estaba destinado a ser antes de que comenzara a vivir como el rey que estaba destinado a ser por nacimiento.
 
Las palabras de Pablo tienen el propósito de ayudarnos a vivir vidas santas que honran a Dios: Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (2.19–22).
 
La verdad central de este pasaje es ésta: Dios destina a los cristianos a ser el templo santo en el cual Dios mismo habita. Como cristiano que es, usted necesita comprender esto acerca de usted mismo. Usted es parte de un gran templo que Dios está edificando para sí mismo. Cuando miramos este texto, estamos contemplando exactamente lo que Dios se propone que seamos.
 
 
EL FUNDAMENTO
 
Pablo mencionó tres rasgos de este templo santo, comenzando por el fundamento. El fundamento de este templo santo del cual usted y yo somos parte lo constituyen "los apóstoles y profetas”. Lo que Pablo tenía en mente no era tanto quiénes fueron ellos —Pablo, Juan, Pedro, etc.— sino lo que ellos hicieron para establecer el fundamento de este templo santo.
 
¿Qué fue lo que ellos hicieron? Lo que hicieron fue revelar autoritariamente la verdad de Dios a los hombres. En el primer siglo, Dios les reveló las verdades fundamentales de nuestra fe a "los apóstoles y profetas”.
 
Estas verdades están preservadas para nosotros en el Nuevo Testamento. El único y seguro fundamento para nuestras vidas es el que representan las verdades que se encuentran en el Nuevo Testamento (2 Timoteo 3.16–17). No hay otras palabras que nos lleven a la vida eterna.
 
No hay otras palabras que nos puedan salvar. No hay otras palabras que nos muestren el camino a Dios. No hay otras palabras que puedan transformar nuestras vidas hasta convertirlas en una parte del templo santo para Dios.
 
Los libros entretienen a las masas, pero no contienen palabras que puedan dar vida eterna a nadie. Las letras de nuestras más populares canciones no muestran el camino a la vida eterna. Usted no va a encontrar el camino a Dios en la primera página de su periódico local ni en la portada de revistas tales como Newsweek o Time.
 
Usted puede descubrir cómo vivir para siempre solamente por medio de las palabras de "los apóstoles y profetas”, las cuales se encuentran registradas en el Nuevo Testamento. Las palabras de ellos constituyen el fundamento sobre el cual el templo santo de Dios se edifica.
 
LA PRINCIPAL PIEDRA DEL ÁNGULO
 
Pablo describió un segundo rasgo del templo santo de Dios: la principal piedra del ángulo. Éste es un templo en el cual "Jesucristo mismo” es "la principal piedra del ángulo” (2.20b). La Biblia registra la palabra de Dios en Isaías, acerca del Mesías que venía: "He aquí yo he puesto en Sion, por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable;…” (Isaías 28.16).
 
La principal piedra del ángulo es la más importante de una estructura. Ella es la que amarra a la totalidad del edificio. La importancia de la principal piedra del ángulo era tal que los edificadores la usaban para honrar a un rey mediante la inscripción del nombre de éste en ella.
 
Esta piedra especial determinaba la estabilidad del fundamento y el carácter de la totalidad del edificio. Jesús es la fuerza estabilizadora para su pueblo, la principal piedra del ángulo. Cuando entramos en contacto con él y alineamos nuestras vidas con la de él, estamos ligados el uno al otro y llegamos a ser más y más como el templo santo que Dios desea.
 
Desafortunadamente, a menudo no somos capaces de imitar a Jesús, y como resultado de ello, no logramos lucir como el templo santo. Por ejemplo, el divorcio por casi cualquier causa ha llegado a ser más y más prevalente entre los cristianos, a pesar que Jesús dijo: "… por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19.6; Marcos 10.9).
 
No logramos alinearnos con la principal piedra del ángulo en este asunto. Un cristiano adolescente tal vez se vaya con un no cristiano para repartirse un "six-pack” de cerveza, aun cuando en su más loca imaginación no podría hacerse la idea de que Jesús haría la misma cosa. Un hombre de negocios que está en la iglesia cantando acerca de Jesús el domingo tal vez vaya al trabajo el lunes y tuerza la verdad para cerrar un trato, aun cuando Jesús enseñó el valor de la honestidad.
 
Algunas veces perdemos contacto con la piedra principal del ángulo. Nuestras vidas han de estar alineadas con la vida de Jesús. Todos nosotros debemos examinar de cerca para ver dónde es que podríamos estar desalineados con Jesús en nuestras acciones, pensamientos, palabras, o actitudes.
 
También debemos ver a Jesús como la principal piedra del ángulo de las congregaciones locales. Las familias de nuestras congregaciones pueden llegar a ser más fuertes si los miembros de ellas alinean diariamente sus vidas con Jesús. Necesitamos hacer de Jesús nuestra preocupación medular, glorificándole y adorándole.
 
Deberíamos traer a otros para que hagan contacto con él a través del evangelio. De esta manera, la iglesia puede llegar a ser más fuerte de lo que jamás ha sido.
 
LAS PIEDRAS DE CONSTRUCCIÓN
 
Un tercer rasgo del templo santo lo constituyen las piedras de construcción. ¿Qué son éstos? Pablo los identificó así: "en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (2.22).
 
Cuando Pablo escribió Efesios, el templo judío estaba todavía en pie en Jerusalén. Los gentiles fueron excluidos de aquel templo. Se les permitía acercarse, pero no podían entrar. Era como ir a ver el monte Rushmore hoy día. Los turistas se sitúan en una plataforma de observación y miran las imágenes talladas en la montaña desde una distancia.
 
Los gentiles sólo podían acercarse al templo. Había rótulos por todo lado que les advertían a los gentiles que ir más allá de cierto punto era prohibido. Bajo el Nuevo Testamento, las reglas han cambiado. No hay un edificio en particular que funcione como el templo de Dios.
 
No hay una sola ciudad que pueda reclamar ser la única donde el templo de Dios puede ser ubicado. Nadie puede señalar en un mapa o en un sitio del globo terráqueo y decir: "Allí es donde usted debe ir si quiere ver el templo de Dios”. Ese tipo de templo ya no existe más. Así como Dios creó una nueva raza de la humanidad en Cristo, así también ha edificado un nuevo templo en Cristo.
 
Cada persona que está en Cristo llega a ser una de las piedras de construcción de este magnífico templo. No hace mucho vi una transmisión por televisión de una celebración que se llevaba a cabo en Washington, D.C. Era un tributo musical a la nación de los Estados Unidos.
 
La transmisión mostró algunas de las majestuosas estructuras localizadas en la ciudad, incluyendo la Casa Blanca, el Monumento a Washington, el Jefferson Memorial, y el Lincoln Memorial.
 
Aquellos edificios no fueron construidos precipitadamente. Ellos representan un estilo de arquitectura diseñado para evocar respeto y honor. No puedo imaginar el acto de jugar dentro del Lincoln Memorial. Algunas actividades estarían fuera de lugar en edificios como ésos debido a lo que ellos representan.
 
El edificio en el cual la congregación local se reúne para adorar no es el templo de Dios. No obstante, cuando la iglesia se reúne para adorar, el templo de Dios está allí. Está allí porque el pueblo de Dios está allí. El pueblo de Dios conforma el templo de Dios. Por favor recuerde que Dios no construye precipitadamente su templo.
 
Él envió a su Hijo al mundo para así capacitarlo y moldearlo a usted y prepararlo para que sea parte de su templo. La gente solía ir a Jerusalén para ver el templo de Dios. ¿Adónde va la gente hoy día para ver el templo que honra a Dios? El único templo que la gente puede ver es el que constituyen los cristianos.
 
¡El vislumbre que tienen de la gloria de Dios es el que ellos ven en los que pertenecen a Cristo! ¿Qué es lo que están viendo? ¿Qué es lo que nosotros como iglesia que somos les decimos acerca de Dios? ¿Ven ellos su amor, su bondad, su cuidado, su santidad y su paciencia en nosotros? ¿Ven ellos a través de nosotros lo que realmente le debe importar a Dios? ¿Qué es lo que la gente ve cuando se encuentran con el templo de Dios?
 
Los cristianos son las piedras de construcción. Usted y yo somos parte del único templo que Dios tiene en el mundo. ¿Qué clase de templo es?
 
CONCLUSIÓN
 
David, rey de Israel, pasó por un período en su vida cuando se hubo olvidado de su destino. Tuvo que recordársele que él había nacido para ser rey.
 
En 2.19–22, Pablo estaba diciendo: "Su destino es ser el templo de Dios. Dios no desea un templo hecho de piedra, mortero y madera. No es su deseo habitar en un templo que usted pueda ubicar en un mapa. Él desea habitar en los corazones de su pueblo. Él desea desplegar su gloria en las vidas que han sido cambiadas.
 
Él desea que la gente vea quién es él realmente”. ¿Puede la gente ver en nosotros al Dios que habita en su pueblo? ¿Ve la gente suficiente bondad en la iglesia local en su área al punto que ello los motiva a glorificar a Dios? Vea su vida esta semana con una luz diferente. Usted no sólo está ganándose la vida, siendo una ama de casa, asistiendo a la escuela, yendo de compras, jugando, ni invirtiendo. Usted está trabajando con Dios para llevar gente a entrar en contacto con Jesús.
 
Cada persona que usted conozca esta semana es una persona que Dios quiere capacitar para que sea parte de su templo santo. Él tiene un lugar apartado en su corazón para cada una de esas personas. No se olvide de quién es usted. Si la gente ha de ver algún día la gloria del templo santo de Dios, ello será en usted y en mí
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