EFESIOS XI LA TERCERA GENERACION, UN NUEVO LINAJE - 12 de Agosto 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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10:59 PM
EFESIOS XI LA TERCERA GENERACION, UN NUEVO LINAJE
 "Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. (Eph 2:11-18 RV60)”
 
 
Hay una historia muy simpática que leí haciendo este estudio, una situación que sucedió en Australia y es la siguiente: El bus transportaba niños blancos y aborígenes.
 
Los chicos estaban constantemente haciendo escándalo y peleando. Por fin, John decidió que ya había oído toda la discutidera entre los muchachos que podía aguantar. Detuvo el bus a un lado del camino y les dijo a los chicos blancos: "¿De qué color son ustedes?”. "Blancos”. "No, ustedes son verdes. Todos los chicos que se suben a este bus son verdes. Ahora, ¿de qué color son ustedes?”. Los chicos respondieron: "verdes”. Luego John les habló a los aborígenes y les preguntó: "¿De qué color son ustedes?”. "Negros”, dijeron. "No, ustedes son verdes. Todos los chicos que se suben a este bus son verdes. Ahora, ¿de qué color son ustedes?”.
 
 
Esto pareció ponerle fin a la discutidera y al escándalo —por un rato. Varias millas adelante, uno de los chicos les dijo a los demás, "Está bien, verde claro en este lado del bus, y verde oscuro en aquél”. Y luego el escándalo comenzó nuevamente. Aunque esta solución no duró, el conductor del bus sabía lo que se necesitaba hacer.
 
La situación que se estaba dando en el bus hacía necesaria una nueva raza, sin distinción por el color —ni negros ni blancos, tan sólo verdes. Pablo habla a cerca de una nueva generación, una nueva creación, pero más precisamente de una nueva raza, una raza que el mismo Señor Jesús vino a crear.
 
Clemente de Alejandría, muchos años después que Pablo escribiera la carta de Efesios, un cristiano del segundo siglo después de Cristo, se refirió al Pueblo de Dios con las siguientes palabras: "Los que adoramos a Dios de una nueva forma, como la tercera raza que somos, somos cristianos”.
 
Los cristianos somos el nuevo linaje, existen los judíos, existen los gentiles y existen los cristianos. Los cuales no son ni judíos ni gentiles, sino que somos cristianos. Leamos de nuevo Efesios 2:11-18. Si podemos resumir en algunas palabras estos versos es que Dios quiere que sepamos que los cristianos representamos a una nueva raza, una tercera raza. No estoy hablando de un tema de racismo, sino que todo lo contrario, en los cristianos no existen diferencias étnicas, ni raciales, ni sociales, TODOS los cristianos son iguales para Dios. (Rom 10:12)
 
 
 
RECORDANDO NUESTROS ORIGENES DESARROLLAMOS AMOR A ESTA NUEVA RAZA.
 
Si hay algo que este mundo no es, no es precisamente lo que la frase de los tres mosqueteros decían: "uno para todos y todos para uno”. Este mundo es un mundo que se lleva mal con todos, cada cual busca su propio beneficio. Incluso dentro de nuestras propias iglesias hay quienes "velan” por el propio interés y no por el del Pueblo de Dios.
 
Las naciones contienden, las pandillas delimitan sus límites so pena de muerte, en nuestros hogares abundan las peleas domesticas, los divorcios superan los casamientos, este concepto es conocido como alineación.
 
La alineación caracteriza el mundo en que vivimos. Los versos 11 y 12 de efesios 2 abordan este tema de forma frontal. El apóstol encontró la oportunidad de hacer frente a este problema que era muy marcado en los tiempos de la Iglesia primitiva.
 
Existía una diferencia marcada entre judíos y gentiles, ellos, siendo iglesia no podían esquivar el problema de llevarse bien los unos con los otros. Los judíos apodaban a los gentiles como los incircuncisos. Y no lo hacían con cariño, la intención era burlarse y ridiculizar a toda la raza de gentiles. Se cuenta que a un rabino se le preguntó que porque Dios había hecho tantos gentiles, el rabino respondió: para tener suficiente combustible para el Gehena (Infierno).
 
El problema era tan serio, que incluso existían leyes que no permitían a un judío que estuviera dando a luz, para que no ayudar a que viniera otro gentil al mundo. Cuando un judío se casaba con un gentil, la perdida de la familia se consideraba como si éste hubiera muerto, incluso celebraban un funeral.
 
O cuando un judío entraba a palestina, se sacudía el polvo de los pies para no contaminar la Tierra Santa con una tierra gentil. Y para los gentiles, el sentimiento era mutuo, despreciaban a los judíos. Pablo escribió a estos gentiles, cuyos odios habían sido alimentados desde el principio de sus vidas contra los judíos, y también habían sido odiados por los judíos y les explicó que todos, tanto judíos como gentiles eran parte de una nueva raza de seres, dentro de la cual todo odio racial, disgustos y maltratos habían de acabar.
 
Efesios 2.11–12 también hablan acerca del fin de la alienación entre los seres humanos y Dios. El versículo 12 da una descripción de cinco dobleces de la alienación gentil de Dios:
 
1) … estabais… sin Cristo. Los gentiles no sabían que toda la historia hallaba su significado y propósito en Jesucristo.
 
2) … estabais… excluidos de la ciudadanía de Israel. Los gentiles no recibieron los derechos ciudadanos naturales que les pertenecían por nacimiento a los descendientes de Abraham.
 
3) … estabais… ajenos a los pactos de la promesa. Estaban mirando desde afuera.
 
4) … estabais… sin esperanza. No tenían esperanza porque no tenían a Cristo.
 
5) … estabais… sin Dios. No conocían a Dios. No tenían una verdadera relación con él.
 
Glenn Owen tuvo una experiencia conmovedora durante un viaje que hizo a Ucrania, cuando ésta era parte de la Unión Soviética. Contaba acerca de un encuentro con una mujer en Kiev. Ella sostenía una Biblia en su mano y le decía a Glenn: Tengo la esperanza del mundo en mis manos. Glenn compartió su reacción a lo que ella dijo: … la miré con cierto sofocamiento en mi garganta… Había cierta tristeza en su voz, cierta tristeza en sus ojos, cierta tristeza en su corazón. Pero había en esta dulce dama un espíritu de esperanza. En su maltratado corazón ardía la llama de la esperanza que siempre arde en aquellos que están abiertos a Dios. Ella sabía, mientras acariciaba suavemente la Biblia, que ella tenía la razón para su esperanza… Nuestras lágrimas se unieron a las de ella cuando oímos su relato y compartimos su dolor. Su único hijo había muerto tan sólo dieciocho meses atrás a causa de la toxicidad por radiación que se produjo en el accidente nuclear de Chernobyl. El esposo de ella había muerto por un tratamiento médico inadecuado tan sólo tres meses atrás. Ahora ella había venido buscando consuelo y esperanza. …
 
Esta gentil y callada dama ucraniana sabía que su esperanza residía en Jesucristo, el Hijo de Dios. El gobierno de ella le había fallado. La vida en cierto sentido le había fallado. La vida de sus seres más queridos se había esfumado. Estando sola, no tenía ningún recurso humano del cual depender. No tenía razón, excepto Jesús, para tener esperanza. Él es la única esperanza para cualquiera de nosotros.
 
Antes de Jesucristo no teníamos esperanzas, pero el Señor hizo una revolución en nuestras vidas. Esta esperanza es para todo aquel que se vuelve a Dios. Justo cuando te preguntas ¿De qué sirve?, cuando la vida parece que no lleva a ninguna lado, aparece Jesús y lo cambia TODO!!!!
 
 
Note cómo Pablo afirmó esto en el versículo 13: "Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”. Considere lo que este pasaje dice, pues "estar en Cristo” significa toda la diferencia. La frase "en Cristo Jesús” describe a la nueva raza. Es una comunidad de personas que nació "por la sangre de Cristo”. Cuando pensamos en aquello a lo cual nuestras vidas habrían llegado a parecerse sino fuera por la diferencia que Jesús ha significado, todos deberíamos agradecer y alabar a Dios porque Jesús hizo el sacrificio para darnos esperanza. Crecemos en nuestro aprecio de la nueva raza cuando recordamos nuestras vidas pasadas.
 
 
TENEMOS UNA DEUDA CON CRISTO POR PERTENECER A ESTE NUEVO LINAJE
 
Le debemos nuestra participación en la nueva raza, completa, plena y totalmente a Jesús. Únicamente él es el que ha hecho posible la nueva raza. ¿Cómo hizo Jesús esto? Examine los verbos de los versículos 15 y 16. Para comenzar, Jesús hizo posible la tercera raza mediante "[abolir] en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas”. Jesús suprimió la antigua religión judía. Jesús dejó bien claro que el cristianismo es el único camino para llegar a Dios. Esto fue lo que dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14.6).
 
Esto fue lo que Pedro dijo: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12).
 
Jesús no murió para perpetuar la separación y la alienación de los demás con base en la religión. Murió para ponerle punto final a la división religiosa. Nótese otra cosa que Jesús hizo. La última parte del versículo 15 dice: "… para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”. No solamente abolió algo, también creó algo. ¿Qué fue lo que Jesús quiso crear? Él vino a crear en sí mismo un nuevo hombre. La palabra nuevo es importante. Neos significa nuevo en cuanto al tiempo. Algo es nuevo si nació recientemente.
 
Hay una segunda palabra del griego, kainos, que significa nuevo en calidad. Algo es nuevo en el sentido de que ha cambiado o mejorado hasta el punto de que parece completamente diferente. Kainos "denota la idea de nuevo, de aquello que no se acostumbra o que no se usa, no nuevo en cuanto al tiempo, reciente, sino nuevo en cuanto a la forma o la calidad, de naturaleza diferente a aquello con lo cual se contrasta como viejo”.
 
Neos "significa nuevo respecto al tiempo, lo que es reciente; se usa para referirse a los jóvenes, y así se traduce, especialmente el comparativo ‘más joven’; de manera que lo que es neos puede ser una reproducción de lo viejo en cuanto a la calidad o el carácter. Neos y kainos se refieren algunas veces a la misma cosa, pero hay una diferencia, como ya se indicó. Así, el ‘nuevo hombre’ del cual habla Efesios 2.15 (kainos) es el ‘nuevo’ que difiere en carácter;… pero el ‘nuevo hombre’ de Colosenses 3.10 (neos) hace énfasis en el hecho de que la nueva experiencia del creyente, comenzó recientemente, y todavía está en progreso”.
 
 
En el versículo 15 Pablo usó esta segunda palabra de la cual se traduce "nuevo”. Él quería que los cristianos se dieran cuenta de que Jesús vino a crear a un "nuevo hombre” —una calidad de la existencia humana no conocida anteriormente— una nueva raza. El versículo 16 nos da una tercera acción de la palabra, o verbo, asociado con Jesús. Nos dice las metas que Jesús tenía en mente cuando creó el "un solo nuevo hombre”. Pablo dijo que fue para "reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo [mediante la cruz], matando en ella las enemistades”.
 
Jesús hizo esto en la cruz. Él reconcilió el nuevo linaje —la nueva humanidad, el que ahora era uno solo— con Dios. Él hizo que Dios y el hombre se juntaran nuevamente. Jesús también hizo que los hombres se juntaran nuevamente entre sí.
 
Robert Louis Stevenson contaba un relato acerca de dos hermanas solteras, las cuales compartían un apartamento con un solo dormitorio. Eventualmente el abarrotado espacio en el que vivían causó que a ambas se les alteraran los nervios. Un día tuvieron una acalorada discusión sobre religión. Su disgusto llegó a ser tan severo, y se hicieron comentarios tan llenos de odio la una a la otra, que llegaron al punto de no hablarse la una a la otra después del argumento. Los días se convirtieron en meses. Continuaron viviendo juntas en silencio.
 
Ninguna de las dos tenía suficiente dinero para conseguir otro apartamento, así que se quedaron en la única habitación, sin hablarse la una a la otra. Dibujaron una línea con tiza en el piso para separar el territorio de cada una. Por años se odiaron mutuamente y nunca se dijeron una palabra la una a la otra. Por la noche cada una se acostaba mientras escuchaba la respiración de la otra, la que había llegado a ser la enemiga. Vivieron en aquellas miserables circunstancias por el resto de sus vidas. Esto sucede no sólo en la literatura; sucede en la vida real también.
 
Lo he visto en ciertas congregaciones. Tal vez no lleguemos al extremo de dibujar líneas sobre el piso con tiza, pero a pesar de esto, están allí. Las personas que llevan el nombre de Cristo tienen poco o nada que ver unas con otras. Los sentimientos de ser superiores a otros en lo espiritual, prevalecen. Yo le puedo decir, con base en la autoridad de la palabra de Dios, que cuando la hostilidad, la separación o la división existe en el cuerpo de Cristo, ello va en contra de todo aquello por lo cual Jesús murió. Jesús vino a reconciliar — a crear una sola, nueva y unificada humanidad.
 
 
CONCLUSIÓN
 
La humanidad que se encuentra fuera de Jesús es un desastre. Las noticias de la noche, el diario matutino y la experiencia personal deberían ser suficientes para que cualquiera de nosotros vea que nuestro mundo se especializa en la separación, la alienación y la hostilidad. Éste es un mundo sin Jesús, en el cual cada hombre ve por sí mismo. Es necesario que la iglesia sea un lugar de paz y así pueda ofrecer un marcado contraste.
 
Cristo llama a su iglesia a que sea un lugar entregado al restablecimiento de relaciones rotas, un lugar de aceptación, un lugar de reconciliación y a que represente una nueva raza. Para lograr esto, necesitamos pensar muy seriamente en algunas cuestiones: Jamás comprenderemos el cristianismo, sino hasta que apreciemos precisamente cuán importante es esta nueva raza para Jesús.
 
El cuerpo de Cristo es donde el cristianismo vive. No comprendemos el cristianismo si no podemos ver que es un problema el dejar que existan barreras dentro de la iglesia local. Una iglesia local debería ser un lugar donde todos trabajemos para borrar las líneas de tiza. Una congregación de la iglesia del Señor debe aceptar a la gente y amar a la gente. Cualquiera que se encuentre dentro de la iglesia debería experimentar lo que jamás se podrá encontrar fuera de ella —una raza de gente que cree en que hay un lugar para todo mundo y al cual todo mundo pertenece.
 
 
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