CAMBIANDO EL PACTO ANTIGUO POR EL PACTO NUEVO - 3 de Julio 2010 - Blog de Enseñanza - VUELVENOS Caminando en la Senda Antigua
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CAMBIANDO EL PACTO ANTIGUO POR EL PACTO NUEVO
DE LO ANTIGUO A LO NUEVO: UN CAMBIO DE PACTO
 
«He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová» (Jeremías 31.31–32a).
 
 
El gran pacto de la Biblia es el nuevo pacto. Fue planeado, prometido y profetizado, y ha sido ahora dado y puesto en vigencia. En el Antiguo Testamento hay profecías relacionadas con el nuevo pacto, siendo la más completa de estas la que se encuentra en Jeremías 31.31–34. Hay otros pasajes en los que también se encuentran afirmaciones que se refieren al nuevo pacto. En Isaías 55.3, por ejemplo, dice: Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. Pablo aplicó este pasaje a Jesús, en Hechos 13.34. He aquí otras referencias al nuevo pacto, el cual sería un pacto eterno (Hebreos 13.20).
 
Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí (Jeremías 32.40; vea también 50.5). Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre (Ezequiel 37.26; vea también 16.60– 62). Y por otra semana confirmará el pacto con muchos (Daniel 9.27a). He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí, viene, ha dicho Jehová de los ejércitos (Malaquías 3.1).
 
 
EL ANTIGUO PACTO ES INCUMPLIDO
Jeremías profetizó durante los años de decadencia de la nación de Israel. Después de hacerlos pasar por Egipto, Dios llevó a la tribu errante de Abraham, Isaac y Jacob nuevamente a Canaán, donde se establecieron como una gran nación. Durante el tiempo de los jueces, Israel se apartó de Dios y no vivió según la ley que Dios les había dado. En lugar de esto «cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jueces 17.6b). Esto ocurría a pesar de que Dios les había advertido por medio de Moisés: «No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece» (Deuteronomio 12.8).
 

En el libro de Jueces hay una descripción de cómo Dios trató a la pecaminosa Israel, después que pasó la generación que había sido dirigida por Josué (Jueces 2.7). Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción. Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban; pero tampoco oyeron a sus jueces, sino que fueron tras dioses ajenos, a los cuales adoraron; se apartaron pronto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová; ellos no hicieron así.
 
Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían. Mas acontecía que al morir el juez, ellos volvían atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a dioses ajenos para servirles, e inclinándose delante de ellos; y no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino.
 
Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz, tampoco yo volveré más a arrojar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió; para probar con ellas a Israel, si procurarían o no seguir el camino de Jehová, andando en él, como lo siguieron sus padres (Jueces 2.15–22).
 
El período de los jueces terminó cuando Saúl, de la tribu de Benjamín, fue hecho rey. Debido a la desobediencia de Saúl, Dios lo quitó del trono, e hizo a David rey sobre Israel. Salomón, el hijo de David que reinó sobre Israel en el momento cumbre de su gloria, se apartó de Dios debido a que sus muchas esposas lo llevaron a la idolatría. Debido a esto, Dios solo le dio dos tribus a Roboam, el hijo de Salomón, y las otras diez se las dio a Jeroboam (1o Reyes 11.3–4, 31). Las diez tribus del norte llegaron a ser conocidas como el reino de Israel, las dos tribus del sur, Judá y Benjamín (a las cuales se unieron los levitas; vea 2o Crónicas 11.14) llegaron a ser conocidas como el reino de Judá.
 

Después de una sucesión de varios reyes, el reino de Israel llegó a ser corrupto. El reino de Judá se condujo un poco mejor por un tiempo. A continuación se da un resumen: Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas. Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas. Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros, y también imágenes de Asera, y adoraron a todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal; e hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego; y se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira. Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá (2o Reyes 17.13–18).
 
No pasaron muchos años para que Judá también se volviera tan corrupta que Dios decidió castigarlos. «Y dijo Jehová: También quitaré de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y desecharé a esta ciudad que había escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre estará allí» (2o Reyes 23.27).
 
EL NUEVO PACTO ES PROFETIZADO
La anterior era la situación histórica cuando Dios profetizó que haría un nuevo pacto: He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jeremías 31.31–34).
 
El nuevo pacto no sería como el que Israel y Judá habían quebrantado, el que Dios había hecho con Israel al sacarlos de la tierra de Egipto. Los autores neotestamentarios citaron este pasaje con el fin de demostrar el hecho de que el nuevo pacto era parte de los planes de Dios (Hebreos 8.6–13).
 
Esta profecía que Dios reveló por medio de Jeremías es tan importante que necesitamos analizar con sumo cuidado todo lo que ella dice.

1. «Nuevo pacto». La expresión en el sentido de que el pacto sería «nuevo» daba a entender que ningún pacto como este había sido hecho todavía. No se trataba de la reelaboración de otro pacto, sino que era nuevo y diferente en cuanto a su naturaleza, de todo pacto o contraparte anterior.
 
2. «Vienen días […] en los cuales haré». El hecho de que Dios dijo: «haré», en relación con el pacto, debe de significar que no había sido hecho anteriormente, sino que sería hecho en el futuro. Cuando se diera, sería el producto de Dios, de conformidad con los términos que Él fijaría.
 
3. «No como el pacto que hice con sus padres». Al ser un nuevo pacto, sería diferente de todos los que Dios hubiera hecho anteriormente (Éxodo 34.27– 28; Deuteronomio 4.14; 10.1–5). Deberíamos considerar significativo que Dios declarara que este nuevo pacto «no» sería como el que hizo con los padres de Israel cuando los sacó de Egipto. ¿Por qué se mencionó ese pacto en particular, y no ningún otro? La razón más obvia es que Israel creía que su relación con Dios se afirmaba gracias al pacto. Dependían de este y les daba la seguridad de que Dios era Dios de ellos, de que Él estaba con ellos, y de que Él los protegería. En realidad, Dios cuidaría de ellos, si ellos guardaban el pacto —y no lo haría si lo quebrantaban. Una indicación de la confianza de ellos en el pacto, puede observarse en la forma como la confianza de ellos aumentó cuando el arca del pacto fue llevada al campo de batalla (1era Samuel 4.5). La presencia del arca con las dos tablas dentro de ella, le daba a Israel la seguridad de que Dios les ayudaría a pelear y a ganar la batalla.
 
4. Pacto que «ellos invalidaron». El pacto que Israel transgredió y quebrantó desde el día en que fue dado, incluía el pacto de los Diez Mandamientos, y las otras leyes que formaban parte de este. Una y otra vez se menciona que no lo respetaron ni lo guardaron. Los profetas declararon que ellos enojarían a Dios, e invalidarían el pacto (Deuteronomio 31.20). Además, las aseveraciones bíblicas dicen que lo quebrantaron (Levítico 26.15; Isaías 24.5; 33.8; Jeremías 11.10; Ezequiel 16.59), lo dejaron (Deuteronomio 29.25; 1o Reyes 19.10, 14), lo traspasaron (Josué 7.15; Jueces 2.20; 2o Reyes 18.12; Jeremías 34.18; Oseas 8.1), lo desecharon (2o Reyes 17.15), lo violaron (Salmos 55.20), no lo guardaron (Salmos 78.10), no fueron firmes en él (Salmos 78.37), y lo invalidaron (Ezequiel 44.7). En Jeremías 31.32, Dios dijo que el nuevo pacto, un «pacto eterno» (Hebreos 13.20), no sería como el pacto que Israel había invalidado.
 
5. «[Lo] escribiré en su corazón». Se declara el hecho de que el nuevo pacto se escribiría en el corazón, pero no dice cómo. No se nos dice si había de escribirse por el Espíritu Santo por medio de la enseñanza del nuevo pacto, o si había de escribirse de algún otro modo.1
 
6. «Todos me conocerán». Este conocimiento de Dios no se produce por una revelación personal a cada uno, acerca de la naturaleza de Dios. Dios no se detuvo cuando dijo: «Todos me conocerán», sino que pasó a explicar el medio por el cual todos lo conocerían: «porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado». La palabra «porque» se usa con el fin de explicar cómo se daría a conocer Dios. Dios revelaría Su verdadera naturaleza como Dios perdonador, por medio de dar a Su Hijo por los pecados del mundo. Jesús, que era la imagen de Dios (Colosenses 1.15; Hebreos 1.2– 3), mostraría a la humanidad la naturaleza del Padre (Juan 12.45; 14.9).
 
CONCLUSIÓN
En el Antiguo Testamento se encuentran profecías acerca del nuevo pacto; sin embargo, las condiciones de este no se encuentran allí. Se encuentran en el Nuevo Testamento. El nuevo pacto no sería como el antiguo pacto que Dios había hecho con los israelitas, cuando salieron de Egipto. Dios planeó el nuevo pacto que iba a hacer, hizo preparativos para él y lo profetizó.
Categoría: ESTUDIOS | Visiones: 1858 | Ha añadido: cristianojpv | Ranking: 0.0/0
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